Las Empresas de Hoy lo que realmente necesitan es Egresados Comunes Capaces de Hacer Cosas Extraordinarias

Pero…, ¿Qué es ser capaz de hacer cosas extraordinarias?

Estimado egresado, no vayas a pensar que hacer cosas extraordinarias tiene que ver con cosas inalcanzables destinadas solo a sabios y científicos fuera de serie que no existen en nuestro país. ¡No hombre!, el hacer cosas extraordinarias, en esencia tiene que ver con ser capaz de hacerte notar a través de tus actitudes y acciones diarias en el sentido de: “Entender a la empresa como el real y verdadero problema a resolver por todos los empleados, y no a la inversa, que la empresa es quien está ahí como la gran solución para resolverle los problemas a los empleados, como casi todo mundo se ha acostumbrado a verlo así”.

Si tú logras armonizar tus actividades de tal forma que permanentemente las canalices con especial apego a los objetivos de negocio de una empresa, ni duda cabe que te harás notar. Pero el ser capaz de hacer cosas extraordinarias tampoco significa la aplicación de modernos y costosos métodos de trabajo probados con éxito en los países más avanzado, sino que, mejor que eso, tiene que ver con saber implementar formas de trabajo que hagan que las cosas sucedan y que no se burocraticen, o que por su sofisticación jamás pueden ponerse en marcha.

Te voy a platicar una experiencia que me sucedió para que veas que esta habilidad está también a tu alcance. Sucedió que, por varios años tuve la oportunidad de tratar estrechamente a quien fuera uno de mis jefes durante uno de los proyectos informáticos más ambiciosos que jamás se hayan emprendido en México. Colaborando con dicha persona tuve la valiosa oportunidad de observar muy de cerca su desempeño como líder. Me refiero al Ing. Manuel F. Díaz, quien durante algunos años fue director general de la IBM de México, y después, director general del área de informática de la institución Bancomer, donde yo trabajé con él y lo conocí.

Más adelante Don Manuel (como siempre me refería a él), ya era director general de cuatro importantísimas divisiones de Hewlett Packard, ¡A Nivel Mundial!. Como verás, egresado, hablo con mucha emoción respecto este personaje. Y, ¡cómo no hacerlo!, cuando recuerdo la cantidad de anécdotas que me confió, además de tantos e importantes consejos que me dio de gran valía para mi desarrollo profesional, mismos de que él se valió para ir escalando y encumbrándose hasta las alturas mismas de esas organizaciones, como muy pocas personas en el mundo lo han logrado.

Te platico que Don Manuel, muchas veces, con mirada aguda, como respuesta al sinfín de preguntas que yo aprovechaba para hacerle durante mis visitas personales, me decía para mis inquietudes más intensas: “Ricardo, las personas generalmente tienden a complicarlo todo, cuando no se dan cuenta que, al hacerlo así, bajo líneas absolutamente rígidas y confusas, en afán de querer impresionar mostrando sus conocimientos “científicos”, eso, precisamente, es la razón de que las cosas se hagan inalcanzables y  se burocraticen, volviéndolas tardadas y costosas, sin razón de ser. El efecto que yo les doy, es el de destrabarlas para que no me produzcan ansiedad, y así, al  volverlas fáciles para entenderlas con menor esfuerzo, al resultarme más comprensibles, me sereno, y mis decisiones las puedo razonar al amparo de las circunstancias”.

¿Cómo la ves egresado?. De paso quiero decirte que nunca vi a Don Manuel desesperado ni teniendo prisas, ni jamás hablar con tono alto. Siempre noté un destello especial en su mirada y concentración plena en sus respuestas. Generalmente me mostró especial interés en lo que platicábamos, como si tratáramos algo sumamente importante, fuera el tema que fuera.

En fin egresado, algo que no debes olvidar nunca, es que hacer cosas extraordinarias también significa un nivel de honradez laboral capaz de hacer brillar tu presencia en cualquier actividad que se te asigne en beneficio de los clientes de una empresa.

Estos señalamientos de inmediato también  me recuerdan los comentarios de un profesor mío mientras cenábamos en la noche de mi graduación, similar a lo que me enfatizaba Don Manuel. Mi profesor me dijo: “Ricardo, las personas generalmente tienden a complicarlo todo, y no se dan cuenta que, para que algo funcione, debe ser comprensible para los demás para que así la actividad no pierda su rumbo. Pero al contrario de esto, generalmente los jefes mandan a sus empleados a trabajar sobre algo para lo cual aún no han entendido lo que se quiere obtener. Y, los empleados, por temor a que se les critique, no son capaces de decir a su jefe que aún no lo han comprendido. El resultado de esto se refleja de inmediato en un despilfarro impune en todos los sentidos: dinero, tiempo, recursos, esfuerzo, desgaste emocional, desánimo generalizado, etc.”.

Si lo observas egresado, aquí mismo te estoy ya revelando algo sobre cómo puedes tú empezar a hacer cosas extraordinarias distintas a los demás.

Entonces, recuerda, no creo yo que se puedan hacer cosas extraordinarias haciendo lo cotidiano. Tampoco creo que se puedan hacer cosas extraordinarias sin tener la iniciativa para ir más allá del deber.

Todo eso, lo tradicional, se hace a diario en las empresas y, con todo ello, cientos de miles de ellas se están hundiendo y cerrando sus puertas víctimas del despilfarro y de la baja productividad.  Por favor, tú no te permitas ser un profesionista ni un empleado tradicional. ¿De acuerdo?.

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El egresado y el temor a lo desconocido

En el artículo pasado hablé acerca del temor que sufren los egresados durante su etapa de transición de las aulas hacia la empresas en busca de un puesto de trabajo, y del enorme daño y el efecto que dicho temor causa en cientos de miles de recién graduados, que año tras año surgen de las aulas académicas para enfrentarse a esta nueva etapa de desarrollo personal y profesional. Cabe destacar que lo que lo que suceda en esos momentos inciertos de la vida del egresado, repercutirá para toda su vida, no tanto digamos sólo como profesionista, sino también como individuo dentro de la sociedad, pues infinidad de ellos, muchos más de lo que nos podemos imaginar, jamás ejercen su profesión, y no exactamente porque no exista trabajo esperando para ellos, sino porque, hundidos en su desconcierto, producto a su vez de la habilidad para manejar estas nuevas experiencias fuera ya de las aulas, miles y miles de ellos ni siquiera se atrevieron a competir por colocarse. Sólo imaginemos por un momento lo que esto representa como pérdida para todo un país. ¡Caramba!.

Pero, ¿será realmente, en esencia, el temor, el causante de esta incuantificable pérdida y retroceso para toda una nación?. Analicémoslo para ver a qué conclusión llegamos. ¿De acuerdo?.

Voy a volver a afirmar que cualquier persona (y también tú y yo), mantenemos una cierta dosis de temor cuando estamos a punto de enfrentar algo nuevo y contundente en la vida, tal cual lo padecen los egresados en su etapa de transición. Pero también puedo afirmar que por mucho temor que sea, es manejable, y no sólo para dejarlo pasar de lado sin que nos afecte, sino (y aquí está lo mejor), para capitalizar el esfuerzo que le tome al egresado su transición y proyectar dicha experiencia hacia su futuro.

Para demostrar que tengo razón en lo que afirmo, y, al mismo tiempo, que el egresado se lo crea, nada más analicemos el siguiente punto: “Si todo el mundo tenemos temor a lo desconocido, entonces, ¿Por qué a pesar de ese temor, que es real y verdadero, con todo y eso, existen millones de personas en el mundo que logran tener éxito a diario?”. Entonces, visto así, se puede concluir que el temor, en esencia, no es el real problema ni argumento suficiente para que el egresado se tire al suelo en la misma línea de salida. Por eso, en gran parte, el remedio para contra restar el temor del egresado y evitar que le paralice su avance durante su transición,  está en ayudarle a incrementar su confianza en lo que ya como profesionista es capaz de hacer. Con el contenido de este libro quiero demostrar que el egresado ya es altamente competitivo dentro de su nuevo perfil como profesionista, aunque ciertamente no tenga experiencia, pero que tiene muchas otras habilidades especialmente valiosas para cualquier empresa.

Analicemos lo siguiente: ¿Será el egresado capaz de aprender con suma rapidez nuevo conocimiento que tenga que ver con su profesión llegando a cualquier empresa?;  ¿Será capaz de aplicar con eficiencia ese nuevo conocimiento una vez adquirido?; ¿Será capaz a su vez de desarrollar nuevo conocimiento en base a la experiencia adquirida con la aplicación del conocimiento previo?; ¿Será capaz de aprender a usar y aplicar tecnología actual para obtener mejor provecho de su conocimiento?; ¿Será capaz de enseñar sistemáticamente a otros su conocimiento ya adquirido?; ¿Será capaz de organizar y documentar su conocimiento adquirido?. ¡Ahí está!. El egresado tiene todo lo fundamental para participar y contribuir de manera importante al proceso de desarrollo y modernización de las empresas de un país. Ciertamente, “Las empresas de nuestro país lo que realmente requieren son egresados comunes capaces de hacer cosas extraordinarias”.

Sinceramente, Ricardo Hernández Jiménez

Etapa de transición del egresado: ¿qué es y cómo la vive?

Uno de los ejercicios que más aprendizaje deja a los estudiantes en vísperas de egresar o recién egresados, y que me encanta ponerles, es el siguiente.

Los reúno en un salón de clases y hago que cada uno pase al frente a exponer su experiencia individual de cómo la está viviendo en esos contundentes momentos de su vida. Voy a poner el ejemplo común de lo que sucede ahí en dicho ejercicio utilizando mi propio nombre. ¿De acuerdo?.

Paso al frente del grupo y  digo con voz clara y fuerte: “Mi nombre es Ricardo Hernández Jiménez.  Soy (o estoy a punto de) egresado de la Universidad (tal) o Tecnológico (tal) en la carrera (tal). Aunque me cuesta trabajo aceptarlo, les confieso que estoy muy desconcertado por lo que estoy a punto de enfrentar. Me siento desorientado y a ciencia cierta no sé cómo hacer para empezar esta nueva etapa de mi vida. Es más, ahora mismo aquí frente a ustedes, me cuesta trabajo hablarles. Siento que no sé expresarme bien frente a un grupo. Casi nunca antes lo había hecho así. Tampoco sé a ciencia cierta cómo hacer un currículum vite, ni tengo idea de cómo enfrentar una entrevista. Como pueden ver, estoy desconcertado”.

Si tú lector imaginaste el ejercicio anterior y lo viviste como si tú mismo lo hiciste, seguramente captaste, que lo que me está paralizando (y probablemente también a ti en esos momentos de tu vida) es:

MI TEMOR A LO DESCONOCIDO INCREMENTADO POR MI DESCONCIERTO AHORA YA EN MI NUEVO PAPEL COMO PROFESIONISTA.

Pero sigamos con el  ejercicio en el salón. Ahora vamos a suponer que en ese mismo salón, en vez de encontrarnos profesionista y técnicos apabullados por nuestros temores, ahora somos jóvenes emprendedores, que habiendo culminado con éxito nuestro proceso académico, nos sentimos seguros de sí mismos, dispuestos a enfrentar cualquier reto que en adelante se nos presente. Que tenemos la firme convicción que cualquier situación que nos surja, la sabremos manejar de una u otra manera, afrontando, sin titubeos, cualquier resultado favorable o no a que nos lleve. ¿Cómo la ves amigo?. Sin la menor duda que, en tales condiciones de seguridad, de valentía y de optimismo, si la pregunta planteada ahora fuera:  “A qué le temeríamos?. Despojados de nuestros temores planteados en un principio, plenos de confianza amparados en nuestro potencial de jóvenes preparados académicamente, dispuestos a competir tenaz y valientemente, capaces de afrontar cualquier situación, impulsados a buscar las opciones necesarias para lograr la meta, en tales condiciones de autocontrol, te aseguro egresado:

QUE NO LE TEMERÍAMOS A NADA.

¿Lo ves?. Pero como la realidad es que la gran mayoría de los egresaos sí le temen a algo o a muchas cosas desconocidas e inexplicables para ellos en esos momentos inciertos de su vida, y confrontados con el supuesto que se pudiera también no tener a nada si cada egresado se encontrara en momentos de total autocontrol, se puede concluir que el egresado al estar a punto de enfrentarse a lo desconocido se inhibe al no saber cómo manejarlo. Así, podemos entender que, la naturaleza misma de esa situación desconocida para él, y como una medida de protección, la convierte en temor. Otro factor importante que descubrí durante mis investigaciones es que, la inmensa mayoría de los egresados, al sentirse así de replegados, también les atormenta lo siguiente: EL RECHAZO, LA BURLA, LO QUE PUEDAN OPINAR DE ÉL, SENTIRSE IGNORADO O RELEGADO. La inmensa mayoría de los egresados no soportan la idea de ser víctimas de tales circunstancias. Piensan que si las viven, con mayor razón se sentirán más apabullados.

Por eso, me queda claro que uno de los principales objetivos de este libro es crear en el egresado una alta convicción en el sentido de: “Dentro del mar del tiempo en que me encuentro navegando, mi presencia sólo es una pequeñísima fracción, por lo tanto, pase lo que pase, haré mi mejor papel ahora en mi nueva etapa como profesionista e intentaré manejar con honestidad cualquier circunstancia que se me presente por encima del temor que pudiera sentir”.

Con lo anterior, lo que quiero decirte egresado es que, el temor en esencia no es bueno ni es malo, simplemente es temor. Te lo explico como sigue. El asunto del temor siempre va a existir en ti y en mí, al igual que en casi todos tus amigos egresados (tus competidores por un puesto de trabajo) y en todas las demás personas. ¿Entonces?. La idea de la primera parte de este libro es exponerte todo un panorama real que te permita manejar, creer en ti, controlare, evitar, o como lo quieras ver, de mejor manera, ese sentimiento del temor, para que puedas actuar con mayor conocimiento de causa y desenvolverte mejor. Tienes que tener presente que este libro tiende a proporcionarte elementos que a ti te faltó adquirir en la escuela, y de esta manera lo debes entender:

Un conocimiento no académico pero sí verdaderamente útil para tus propósitos profesionales”. A partir de ahora, más que nunca, te resultará importante entender que todo a lo que te enfrentarás son cosas de este mundo, y por eso, posibles de aprender a manejar y superar. Que no son cosas mágicas que estén fuera de lo natural. Ya lo verás que sí.

Sinceramente, Ricardo Hernández Jiménez

Egresados fallidos pérdida incalculable

¿Qué hay del otro lado de las paredes de las aulas, cuando llega el momento en que el egresado tiene que abandonarlas?. Muy probablemente el noventa y tantos por ciento de los estudiantes de las carreras técnicas y profesionales, mientras cursan sus estudios, jamás sienten la necesidad, y ni siquiera tienen la intención de contestarse la siguiente pregunta: “Qué hay del otro lado de las paredes de las aulas cuando llegue el momento de abandonarlas y tenga que salir a enfrentar el mundo laboral de las empresas en busca de un puesto de trabajo?. ¡Cosas de jóvenes!.

La inmensa mayoría de ellos piensan que en ese tiempo de sus vidas de estudiantes no hay lugar para preocuparse por tales cosas que están allá en el futuro lejano. Su mundo como ellos lo viven en ese momento de asistencia a la escuela, de tareas y exámenes, de atención a sus materias, con sus mentes y realidades propias de su juventud, de conquistas de novias, y de competencias en los deportes, y demás, no admite ese tipo de distracciones. “Ya llegará a su tiempo”, se dicen. Pero, en realidad, ¿Qué encontrarán los egresados cuando llegue el momento en que se derriben esas paredes que los protegieron durante  toda su vida y queden a la intemperie?.  PERO UN DÍA EL FUTURO LOS ALCANZA.

Así con esta ligereza transcurren sus días escolares, las clases se suceden unas a otras y el  tiempo avanza a zancadas,  las altas y bajas en la dedicación de los estudiantes para aplicarse a sus materias arrojan de la misma manera altas y bajas en sus calificaciones.

Pero un día, de repente, sucede que, aunque no para todos los estudiantes, pero sí para la gran mayoría, alcanzan la meta: unos como técnicos y otros como profesionista, en las distintas disciplinas. Habiendo arribado ya, ¡caramba!, de repente las cosas les cambian drásticamente a los ahora ya egresados. Y entonces, ¿qué sucede ahí?.

Debo comentar que durante infinidad de entrevistas que he realizado con recién egresados o casi por egresar, descubrí que la inmensa mayoría de ellos, al encontrarse ya fuera de la escuela, se sienten abandonados a su suerte sin un plan que les permita qué exactamente hacer para desenvolverse dentro de su nuevo terreno profesional. Por lo anterior, su confianza poco a poco se empieza a tambalear, y llega un momento en que les falta ánimo para atreverse a competir por un puesto de trabajo.

Dentro de este nuevo panorama, se sienten desubicados y desorientados y la incertidumbre los empieza a agobiar. Sin previo aviso, a la gran mayoría, les surge el temor a lo desconocido. En tales circunstancias, no pocos de ellos de plano desertan sin antes intentar un acomodo, o a los primeros intentos cuando son rechazados durante sus entrevistas iniciales, y muchos, más de los que nos podemos imaginar, precipitadamente se colocan en trabajos distintos a su profesión. Entonces se lamentan de no haber hecho algo en su momento para prepararse para esa contundente etapa de transición.

Si el problema anterior solo fuera de única vez y ocurrido a unos cuantos egresados afectados y sus familiares, privando de talentos frescos a unas cuantas empresas, el costo quizás fuera irrelevante (que no por eso justificable). Pero para la mala fortuna de todo un país, el costo de este fenómeno recurrente es incalculable, y el atraso para la nación es irreversible. Esa pérdida de potencial humano ya preparado, de tiempo y de atraso para en el desarrollo del país, ya no regresa, y mucho menos se recupera.

Sinceramente, Ricardo Hernández Jiménez

Terminé Mi Carrera…, ¡¿Y Ahora!?

Quiero comentar que las bases para yo haber dedicado varios años al desarrollo de este libro, están dadas como resultado de casi una década de investigaciones directamente en las universidades y tecnológicos del país, dialogando directamente con miles de estudiantes en vísperas de egresar, profesores, rectores y directores, de infinidad de escuelas de nivel medio y superior. Y también con cientos de empresarios, incluso padres de familia de muchísimos egresados, durante los cuales pude captar las inquietudes de unos y de otros al momento en que los estudiantes terminan su carrera y surgen de las aulas hacia las empresas en busca de un puesto de trabajo.

Por un lado, los empresarios reclaman que no obstante que ellos invierten grandes cantidades de dinero en tecnología, instalaciones, capacitación, etc., no alcanzan a ver, en la mayoría de los casos, que esas importantes inversiones se reflejen directamente en mejores resultados palpables de negocio dentro de sus empresas. Por otro lado, los estudiantes de las escuelas técnicas y superiores, al egresar, no cuentan con las habilidades sobre cómo ofrecer sus servicios a las empresas de tal manera que estas se interesen en ellos. Ante tal situación, la repercusión también llega a los padres de familia, quienes, al igual que los egresados, lo que más desean es colocarse en un puesto de trabajo afín a sus especialidades. Y la desilusión hace presa en unos y otros.

El problema del desempleo es un problema añejo, pero todo indica que hoy día dicho problema alcanza extremos sumamente peligrosos para la sociedad mexicana. Lo anterior le plantea a cada egresado (más de un millón trescientos mil cada ciclo escolar según las autoridades académicas) un reto cada vez superior para competir por los contados puestos de trabajo. Sin embargo, el reto se vuelve aún más grande cuando se parte de la  base que un egresado: no tiene experiencia; no cuenta con relaciones en el medio laboral; no sabe, bien a bien, qué es una empresa y cuáles son sus problemas cotidianos. Y así, un sin fin de obstáculos que el egresado no sabe cómo enfrentar, lo cual lo paraliza y en muchos casos hasta lo inhibe para siquiera intentar competir para lograr el trabajo anhelado.

Cabe preguntarse, con semejante desaprovechamiento de talentos, perdidos así por falta de una buena orientación para competir con mayores probabilidades de éxito para conseguir un puesto de trabajo, lo que sucederá cuando nuestro país decida lanzarse a competir dentro de un mundo globalizado y no contemos con el capital humano propio que se necesita dentro de este nuevo ambiente mundial, porque jóvenes con esas cualidades ni siquiera llegaron a las empresas en el momento preciso que se les necesitaba.

Durante la etapa de transición de los egresados, a través de la cual, su más cercana compañera será la incertidumbre, resulta de vital importancia crearles confianza en sí mismos y dejarles comprender y sentir el enorme potencial con el ellos fueron dotados durante su larga formación académica. Eso mismo, y mucho más, es lo que en este libro se le descubre al egresado. Son cuatro apartados. El primero trata precisamente de esta autoconfianza con la que el egresado debe vestirse al momento de salir a competir por el puesto de trabajo deseado. La segunda parte le describe al egresado qué es una empresa, sus retos, sus necesidades, su ambiente competitivo, y sus objetivos de negocio, de tal suerte que el egresado sepa qué ofrecerle para que se interesen por sus servicios. La tercera parte le orienta al egresado a exponer en un currículum vite no lo que se supone que estudió, sino lo que puede hacer por una empresa para sus objetivos de negocio con eso que él estudio. En esta parte también le ofrece al egresado la manera como puede realizar una entrevista de trabajo que resulte complementaria a la información que él ofreció en su currículum. La idea es estructurar un currículum vite singular que de inmediato destaque entre los otros redactados de manera tradicional, y una entrevista que consolide ese currículum sin ser redundante. Por último, en la cuarta parte, para el caso en que el  egresado haya logrado un puesto de trabajo, se le describen sencillas pero importantes actitudes de desempeño laboral para empezar hacerse notar ante sus superiores de entre sus demás compañeros de trabajo.

Sinceramente, Ricardo Hernández Jiménez

Bienvenido egresado, bienvenido Colega!!

“¡Bienvenido Colega!”. Fíjate cómo te dije. Ahora te explico por qué. Te puedo asegurar que uno de los momentos más significativos que guardo en mi memoria sobre el festejo de mi graduación, es cuando, estando todos de pie en aquel enorme salón, antes de la cena, el director del tecnológico donde realicé mis estudios profesionales hizo una invitación generalizada, pidiendo a todos los ahí presentes (graduados, familiares, y profesores) que levantáramos cada uno su copa y brindáramos por tan emotivo festejo.

La alegría irradiaba en todos lo ahí presentes. El enorme orgullo de parte de los padres, hermanos y demás familia, y de amigos más cercanos de los festejados, no se ocultaba, sino que se manifestada abiertamente a través de abrazos y besos al por mayor. Dentro de toda aquella algarabía desbordada (y aquí viene mi más preciado recuerdo), quienes mayor contento reflejaban en sus rostros eran, ni más ni menos, que nuestros queridísimos profesores (que por cierto, no recuerdo que uno solo de ellos haya faltado, todos, sin excepción, se encontraban ahí presentes, felices). Estaban aquellos de mayor edad, muy metódicos y de imagen y trato serio, respetuosos, y, hasta diría yo, ceremoniosos., especialmente estrictos siempre para nuestro beneficio, responsables y altamente preparados para impartir sus materias. Estaban también aquellos de mediana edad que se identificaban más con nosotros y que nos hablaban en un idioma más cercano a nuestra juventud, pero que, no obstante, a menudo resultaban más estrictos y exigentes que los primeros, por supuesto, igualmente preparados para transmitirnos sus valiosos conocimientos. Con todos ellos brindamos y nos felicitaron a cada uno de sus alumnos. Pero…, ¿Qué dije?,… ¿Sus alumnos?. ¡NO!, de ninguna manera, ya no, a partir de aquella especial noche.

Mi profesor, uno de los más jóvenes que tuve y con quien en lo personal mayormente me identifiqué, quien siempre nos habló de “usted” y que nos exigió lo tratáramos de igual manera, fue abrazando eufórico a cada uno de nosotros. Cuando llegó hacia mí y me abrazó, alejándose un poco para mirarme fijamente de frente, me dijo: “Ricardo, te felicito, te doy la más calurosa bienvenida”. Alzando discretamente un poco más la voz, con mayor énfasis y gallardía, me soltó: “¡Bienvenido Colega!”. Muy emocionado yo le agradecí aquel hermoso gesto y le contesté “Gracias profesor, pero yo soy quien lo felicita a usted por haber contribuido de manera importante a mi formación profesional, y siempre le estaré especialmente agradecido al igual que a mis demás profesores”. Nuevamente me volvió a abrazar, y me dijo marcadamente: “No, Ricardo, a partir de hoy, para conmigo, se acabó el “usted”. Tú ya eres uno de los nuestros: un profesionista en potencia que ha alcanzado un igual tamaño de responsabilidad ante la sociedad”. Increíblemente para mí, a partir de ahí y durante toda la velada y muchos años más, con él y con la mayoría de los demás profesores, el “TÚ” casi se generalizó.

Así mismo, es como yo deseo dirigirme a ti amigo egresado. Quiero darte la más calurosa y cordial Bienvenida, hablándote de “Tú” y mirándote de frente, al mismo tamaño de responsabilidad ante la sociedad. “¡Bienvenido Colega!; Tú ya eres uno de los nuestros”.

Sinceramente, Ricardo Hernández Jiménez

Iniciando esta aventura

Sé que los jóvenes de hoy necesitan esperanzas y una visión alentadora para enfrentar el futuro. Pero también sé que, a cambio, ellos deben adquirir un compromiso serio con el mundo del mañana, conscientes que lo que en su país suceda en adelante, depende de las expectativas que hoy ellos se planteen y de su honestidad profesional para lograrlas. Así, en la medida de como acepten esta responsabilidad y se preparen, se dará la riqueza de su contribución a la sociedad.

En lo personal, identifico que la  fuerza principal que puede impulsar a cada joven hacia ese nuevo panorama de desarrollo, radica esencialmente en su actitud de desempeño en cada actividad que emprenda, porque sólo así estará a la altura de enfrentar los retos que exhiben ya las nuevas realidades. En tal sentido, quiero yo también tomar mi parte dentro de este compromiso, para hacerlo en equipo.

Por eso amigo egresado, aquí te ofreceré un libro con herramientas que te proyectarán hacia un extenso abanico de necesidades no resueltas en las empresas, urgidas de tu participación profesional para resolverlas. Posibilidades que se convertirán en un mar de oportunidades que te permitirán desde ahora ampliar enormemente tu panorama de acción profesional.

También me puedes contactar para la impartición de cursos y conferencias sobre el tema.

Sinceramente,
Ricardo Hernández Jiménez
E-mail: ricardohjafi@gmail.com